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Los “Ángeles” del Vallenato

En la Casa de la Cultura de San Martín, Cesar, se forman los futuros reyes del Festival de la Leyenda Vallenata.


Debajo de un palo de mango en la casa de Rafael Martínez empezó el sueño de formar cantantes, acordeoneros y músicos.


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Los caminos de la vida son muy difícil de andarlos…” dice la letra de una canción popularizada por el famoso grupo vallenato Los Diablitos. Y esos caminos llevaron a que Dubal y John Jader, dos niños de 9 y 11 años, se encontraran y se unieran en un conjunto musical en la Casa de la Cultura de San Martín, Cesar.


Dubal Campos Tovar, según nos cuenta su padre Dubal Campos Buendía, inició su carrera como cantante cuando tenía 5 años, en la celebración de un día de la madre en la vereda La Salina del municipio de Ríonegro en Santander; pero no interpretando vallenato sino rancheras y música norteña. “Me gusta cantar porque me nace y me hace feliz”, Dubal Campos Tovar.


John Jader Padilla, quien vive en La Márquez, una vereda de San Martín, quiso aprender a tocar el acordeón a los 9 años, un día que vio por televisión la película “El Ángel del Acordeón”. La música del maestro Rafael Escalona, de los Hermanos Zuleta Díaz y de Diomedes Díaz, su ídolo, le dieron el empujón final para decidirse a interpretar este instrumento.


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Los padres


Los padres de estos dos jóvenes artistas han tenido mucho que ver en la corta y exitosa carrera de sus hijos.


El papá de Dubal cuenta que en una presentación del niño se encontraba Luis Manuel Cortés Beltrán, instructor de acordeoneros de la Casa de la Cultura de San Martín, quien al oírlo cantar lo invitó a formar parte de la Escuela de Música de este municipio.


“Como padre lo apoyo incondicionalmente y me siento muy contento porque ha mejorado mucho en su desempeño y porque en la familia no hay artistas”, dice orgulloso el padre de Dubal.


PADREDubal Campos Buendía, padre de Dubal.


Por su parte, José Antonio Padilla, padre de John Jader, cuenta que un día pasaba por Aguachica y vio unos niños tocando acordeón, se acercó y se dio cuenta que era una academia. Llegó a la casa, le contó al niño y él le dijo que quería inscribirse en esa escuela. A los pocos días era evaluado por el profesor Naun Bejarano quién le dijo que tenía la posibilidad de aprender muy rápido.


“Me gusta la música de Diomedes Díaz porque aunque ya murió todavía vive en nuestros corazones”, John Jader Padilla, acordeonero.


Los maestros


Luis Manuel Cortés Beltrán y Rafael Martínez son los instructores, uno de acordeón y el otro de cantantes y percusión.


Luis Manuel fue llamado a formar parte de la escuela en 2007, cuando estaba en Valledupar intentando cumplir su sueño de ser un músico famoso, meta que estaba logrando porque ya había participado en la producción de cinco trabajos discográficos y se había presentado en el exterior.


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Regresó a su pueblo natal y pronto se enamoró del proceso que se adelanta en la Casa de la Cultura, al punto que hoy dice “Ya me olvidé un poco de querer ser famoso, ahora quiero ayudar a estos niños y dejar una semilla musical en mi pueblo”.


Rafael Martínez, instructor de percusión y canto, empezó a trabajar con la Casa de la Cultura cuando esta quedaba debajo de un palo de mango de su casa. “Hoy tenemos una sede cómoda y amplia donde preparamos a los niños” dice.


Rafael se siente orgulloso porque ya muchos de sus pupilos forman parte de grupos vallenatos en diferentes ciudades del país y porque con su labor aleja a los jóvenes de las drogas, el alcohol y otros vicios.


“La música ayuda a los niños a estar ocupados, a desarrollar sus talentos y los acerca a nuestra música y a nuestra cultura”, Luis Manuel Cortés Beltrán, Instructor de acordeoneros.


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